XXXI Edición

La profesionalización de los bibliotecarios, a partir de competencias informativas, ha puesto en marcha un proceso de cambio en el panorama de la formación universitaria para los trabajadores de las unidades prestadoras de servicios de información. El aumento y diversificación de los servicios y recursos que ofrecen las bibliotecas en la actualidad, debe garantizar la calidad y la visibilidad de los nuevos perfiles profesionales de nuestro ámbito.

Este cambio ha significado la oportunidad de avanzar en la adaptación hacia la sociedad digital y en red (algo que desde hace tiempo se viene planteando en nuestra disciplina), a la revisión curricular, la colaboración y la cooperación, entre otras grandes áreas. La formación para la innovación, la elaboración de metodologías docentes centradas en el alumno -ese que será nuestro usuario-, y la implantación del e-learning, parecen ser los temas presentes en las agendas del campo de la información y documentación. No son los únicos, sin embargo, el marco para la formación del bibliotecario, en la actualidad, debe ser  más flexible y abierto.

Por otro lado, la implementación de programas de formación del bibliotecario, en América Latina, ha sido lenta por diversas razones: falta de impulso, actualizaciones en los programas universitarios, recursos económicos -en ocasiones insuficientes-, entre otros. Asimismo, los usuarios que llegan a la biblioteca, pertenecen a una generación digital cada vez más acostumbrada en acceder a la información a través de las pantallas, que por el papel.

Por esta razón, las bibliotecas deben desarrollar colecciones con nuevos soportes en los que la información sea presentada, sin descartar los tradicionales que seguirán apoyando los nuevos modos de aprendizaje, consulta y recreación en los espacios bibliotecarios.

En un entorno profesional competitivo y cambiante como el actual, las instituciones que forman bibliotecarios deben tener claro los perfiles profesionales del área. Sólo así se pueden determinar los objetivos curriculares de formación, además de los contenidos, métodos y medios para conformar y desarrollar los planes de estudio y líneas de investigación. Esto, con la finalidad de responder a las necesidades de usuarios y organizaciones que atiende la biblioteca, y se encuentran ante entornos competitivos cada vez más complejos.

Hoy día no se trata solamente de tener una buena biblioteca y estar en la Web, sino de que los recursos y servicios, que posee y ofrece, sean dinámicos y fácilmente descubiertos mediante los motores de búsqueda. El análisis de las demandas de información refleja claramente un perfil profesional cada vez más vinculado a actividades informáticas y de gestión. La preparación para alcanzar estas competencias y habilidades, es el principal objetivo del nuevo profesional de la información.

La clave para aumentar nuestro campo de acción, no sólo es contemplar nuestra formación dentro de las competencias necesarias en bibliotecas, archivos y centros de documentación, sino en un objetivo más amplio, que es la gestión de la información. Así, al servir a un mercado más grande y diverso, los programas de formación podrán crecer y diversificarse, con lo que aumentarán sus posibilidades de supervivencia.

Es cierto que durante estos años muchos planes de estudios han incorporado asignaturas en este sentido, pero lamentablemente no han servido para que el bibliotecario adquiera, realmente, nuevas competencias que le otorguen un valor añadido significativo para las organizaciones.

Actualmente la formación universitaria sólo puede proporcionar un punto de referencia, y unas bases sobre las cuales cada persona construirá su conocimiento individual y su rango de competencias. Debido a esto, ya no se puede hablar de un modelo único de plan de estudios válido para nuestra profesión. Deberán seguir existiendo una serie de elementos básicos de la educación en biblioteconomía, que permanecerán inalterables: los fundamentos profesionales; los servicios técnicos; la referencia; los servicios a los usuarios; así como la gestión y administración de la colección. La orientación de servicio es fundamental, pero se basará en los principios de la organización del conocimiento.

Para diversos autores del área, el reto consiste en hacer una re-ingeniería de la profesión para adaptarla a las nuevas necesidades del mercado. Sin que esto suponga la anulación de las prácticas y la cultura profesional que han sustentado el desarrollo bibliotecario por muchas décadas. Autores como Michael Gorman indicaban, algunos años atrás, que la profesión y las escuelas de Biblioteconomía tenían que plantearse preguntas como: ¿Qué están haciendo las instituciones emergentes de información, y cómo lo están haciendo? ¿Cómo están atrayendo a los usuarios y clientes? ¿Cómo están usando la tecnología? ¿Cuáles son las expectativas del usuario, y cómo es el cambio del comportamiento? ¿Cómo están usando la información que adquieren y de qué forma?

Desde hace tiempo, a nivel internacional, el debate es complejo; lo que permite aprender de lo que ya ha sucedido en otros entornos.

Creación de una imagen profesional fuerte

La bibliotecología, como otras profesiones, supone actualizaciones y cambios. Por ello, para atraer a los futuros bibliotecarios, debemos mostrarnos y publicitarnos, socialmente, de manera adecuada. Tenemos que vendernos bien y demostrar los beneficios que conlleva el estudiar biblioteconomía, para lograr crear una “imagen profesional fuerte” sobre nosotros. Esto también debe hacerse con las empresas, para mostrarles las ventajas de contar con un profesional de la información en su organización.

En el planteamiento de nuevos planes de estudios, hay que dar más importancia a las nuevas tecnologías, incluir asignaturas de digitalización (con mucho futuro), y crear una clara orientación hacia las empresas, así como a la implementación de diversos canales de comunicación entre la biblioteca y el usuario (blogs, servicios online, vídeos…).

Los nuevos planes de estudios deben ser multidisciplinares, así tendremos mayores posibilidades de promoción dentro de la sociedad, y de encontrar nuestro lugar en ella. Hacernos fuertes y demostrar lo que podemos hacer y lo que valemos.

En 2017, la Feria Internacional del Libro de Guadalajara y el Coloquio Internacional de Bibliotecarios, llegan  a su  trigésimo primer aniversario. A más de tres décadas del inicio del Coloquio, las bibliotecas se han convertido en entidades dinámicas que investigan las necesidades actuales, y proyectan las futuras, con la finalidad de adaptarse rápidamente y dar respuesta de manera concreta y oportuna.

Como ya se ha señalado en anteriores eventos, el Coloquio desde sus inicios se ha distinguido por ser un evento académico en el que los profesionales del área comparten experiencias, plantean necesidades, enfoques y políticas que permiten el continuo desarrollo de la biblioteca, el bibliotecario, el usuario y la información.

En la presente edición el evento abordará, entre otros temas:

·        Acceso abierto

·        Biblioteca

·        Bibliotecarios

·        Ciudadanía

·        Competencias

·        Derechos de autor

·        Diversidad

·        Educación

·        Formación

·        Inclusión

·        Información

·        Internet

·        Mercadotecnia

·        Políticas

·        Privacidad 

·        Responsabilidad social

·        Sociedad Saludable

·        Tolerancia

·        Universidad

·        Usuarios

Considerando lo anterior, el XXXI Coloquio Internacional de Bibliotecarios intitulado “Bibliotecarios: nuevas competencias, nuevas habilidades”, que se llevará a cabo los días 27, 28 y 29 de noviembre de 2017, en el marco de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, tiene como propósito reflexionar sobre cuáles serán las competencias del profesional de la información, y qué habilidades debe poseer para que su labor tenga impacto y beneficie a los usuarios de las bibliotecas y de la información.  

 

Sergio López Ruelas

Presidente del Comité Organizador

 

 

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